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Salud Mental en tiempo de pandemia Covid-19.

Iniciando el año 2020 se extiende la noticia del virus COV-19 que estaba arrasando con las vidas de miles de personas en la ciudad de Wuhan, China. Desde ese momento comienza el capítulo Uno de Historias de horror, tal película de Hollywood colocando como actor principal a un virus mortal que se extiende en la faz de la tierra. Las noticias mundiales y redes sociales, exponen cómo las personas gravemente enfermas sucumben ante una muerte segura, porque se desconoce el comportamiento del virus, tratamiento, consecuencias y método de contagio.   Se instala el segundo capítulo, El miedo. Acto seguido, con las investigaciones se exponen teorías de conspiración… El virus fue creado y liberado como arma biológica o fue una contaminación zoonótica por ingerir carnes de animales salvajes, se abre el tercer capítulo, La vulnerabilidad. Se declara pandemia y se prohíbe interactuar con otras personas, se obliga a permanecer en casa, usar tapabocas, el desempleo, la escasez de recursos económicos. Con el tiempo se inicia con el teletrabajo y el planeta toma un respiro donde los animales podían transitar libremente en la calle, mientras que los humanos quedan resguardados por no querer exponerse y morir. Cuarto Capítulo, El Confinamiento. La población empieza a sumirse en la tristeza por la separación de sus adultos mayores porque temen contaminarlos. Los adultos mayores comienzan a estar más solos de lo normal. Y aquel que enfermara pasaría a otro plano lejos de sus seres queridos. Si daba oportunidad se despediría por una videollamada. Quinto Capítulo La Soledad y La Muerte. Comienzan investigaciones debido a la incapacidad de poder controlar las muertes diarias en Italia, Estados Unidos, Inglaterra, sobrepasando la capacidad tanto en recursos médicos, personal de enfermería, suministros y morgue. La relación entre pacientes enfermos y pacientes recuperados era un porcentaje pequeño, Sexto capítulo, La Frustración en la comunidad médica. Aparece la primera vacuna que promete poder frenar la pandemia y que todo pudiese volver a la normalidad. Debido a que fue lanzada al mercado tan rápido, sin los ensayos que cumplieran el tiempo pertinente, se instala la desconfianza sobre la efectividad, desconocimiento de los efectos secundarios y como consecuencia parte de la población decide no vacunarse. Séptimo capítulo, La Desconfianza. Este cuento de terror permanece hasta la fecha. Todos los capítulos antes identificados han sido programas instalados en nuestros cerebros logrando que permanezcamos bajo estrés permanente, liberando sustancias proinflamatorias que intoxican el organismo. Hasta el momento, se ha informado la presencia de ansiedad, depresión y reacción al estrés en la población general. Además, en el personal de salud también se han encontrado problemas de salud mental, especialmente en las profesionales mujeres, el personal de enfermería y aquellos que trabajan directamente con casos sospechosos o confirmados de COVID-19. En los esfuerzos realizados para disminuir la propagación de la enfermedad, se debe prestar atención al diagnóstico y tratamiento de los problemas de salud mental. La angustia psicológica está extendida entre la población. Muchas personas están angustiadas por los efectos inmediatos del virus en la salud y las consecuencias del aislamiento físico. Muchas tienen miedo a infectarse, morir y perder a familiares. La gente ha estado físicamente alejada de seres queridos y compañeros. Millones de personas se enfrentan a turbulencias económicas tras haber perdido sus fuentes de ingresos y sus medios de vida o por estar en peligro de perderlos. La desinformación y los rumores frecuentes sobre el virus y las profundas incertidumbres respecto del futuro son fuentes comunes de angustia. Antes de la aparición de la COVID-19 las estadísticas sobre trastornos mentales (incluidos trastornos neurológicos y relacionados con el consumo de sustancias adictivas, el riesgo de suicidio y las discapacidades psicosociales e intelectuales conexas) ya mostraban un panorama sombrío:
  • La economía mundial pierde más de 1 billón de dólares estadounidenses cada año debido a la depresión y la ansiedad.
  • La depresión afecta a 264 millones de personas en el mundo.
  • Alrededor de la mitad de los trastornos mentales empiezan a partir de los 14 años y el suicidio es la segunda causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años.
  • Más de 1 de cada 5 personas que viven en situaciones de conflicto tiene un trastorno mental.
  • Las personas con trastornos mentales graves fallecen entre 10 y 20 años antes que la población general1.
La discapacidad mental, ha pasado a ser la patología más frecuente post-covid a causa de las situaciones extremas que ha vivido tanto la población por la muerte de sus seres queridos, al confinamiento prolongado, los niños y adolescentes sin escuela presencial, como también los profesionales de salud expuestos al covid, al agotamiento emocional y físico, y demás servicios asociados para manejar los fallecidos. Solo en el año 2020 se registraron 800.000 muertes por suicidio en el mundo. Es la cuarta causa de muerte entre los jóvenes de 14-29 años. Tendencia que se ha mantenido hasta ahora, generando preocupación y disparando alarmas de cuanto se ha afectado la salud mental en los últimos dos años, estableciendo programas de ayuda. Existe mucha agresividad, intolerancia y disconfort en una porción de población que no logró trascender durante este tiempo de pandemia ocasionando conductas inadecuadas, irracionalidad y hasta bizarras. El mundo parece estar adaptándose a una nueva realidad donde permanece el riesgo. En esta oportunidad el aprendizaje ha sido profundo, ha movido nuestras estructuras y conceptos de lo que es la vida y la muerte. Todos tenemos una historia lo suficientemente cercana de pérdida, gracias a el COVID-19. Algunos han aprendido a valorar cada día que el universo les entrega al abrir los ojos. Otros siguen sucumbidos en el programa de la desgracia, muerte y soledad. Otros crean teorías. A pocos les ha sido indiferente. Pero de algo estoy segura es que no somos los mismos de hace dos años atrás. Hemos aprendido a reestructurar el trabajo, a tener contacto limitado con otras personas, a viajar con más precaución y otros se han reinventado bajo la adversidad. Hemos aprendido a mirar al cielo. A sucumbir bajo la inmensidad del universo y poner en evidencia que no somos tan poderosos como pensábamos. Otros han logrado descubrirse a ellos mismos. Hemos vuelto a orar. Se nos ha dado la oportunidad de percibir el mundo desde otra perspectiva, luego de haber pasado la prueba de fuego. Somos afortunados por ser una generación de personas que no experimentaron la muerte física, para reencarnar y hacer las cosas mejor. Tenemos la oportunidad de haber muerto, permaneciendo vivos, logrando así renacer con un nuevo enfoque sobre que venimos a hacer en este plano. 1 INFORME DE POLÍTICAS DE LAS NACIONES UNIDAS: LA COVID-19 Y LA NECESIDAD DE ACTUAR EN RELACIÓN CON LA SALUD MENTAL MAYO 2020. Los años que están por venir traerán más cambios, adaptación a nuevas realidades, caída de normas, barreras y hasta nuevas formas de vivir. Solo debemos estar abiertos para adaptarnos de la manera menos engorrosa o difícil. El ser humano es adaptable, solo debe hacer que sus creencias sean flexibles y no sufrir por el cambio. Siddartha Gauttama decía “el sufrimiento es la realidad de la cual nadie puede escapar. Todos nos enfrentamos a la vejez, la enfermedad, la separación y la pérdida, ya sea antes o después. La razón de esto es que la vida es incertidumbre. Todo en este mundo es sólo temporal. Pero el cambio es certeza. Es decir: Impermanencia.” La aceptación es el factor más importante para que podamos estar libres de sufrimiento. Dra. Elsy Tavares dra.elsytavares@gmail.com

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